Por Paula Soldini

Tras recorrer un pasillo por el que podían verse diferentes cuadros y cajas que relataban de manera peculiar alguna historia, nos hicieron pasar a una sala más grande de lo que esperábamos.

En el escenario, una mesa que sostenía una suerte de velador, única luz de la sala además de una pantalla de fondo que permitía que el público viera algunas fotografías y dibujos.

En la mesa cuatro personas: una coordinadora, dos hombres y una mujer, ellos eran Liniers, un dibujante (caricaturista), el “Capitán Intriga”, casi graduado Licenciado en Filosofía, y Celina Murga, cineasta.

Alrededor de las 20.30 hs, en el Centro Cultural Ricardo Rojas, se dio comienzo a “Confesiones. Historia de mi vida personal”. La coordinadora comenzó explicándole a la nueva audiencia que este circuito de charlas consistía en que cada uno de los participantes contara algo de sus vidas, pero no cualquier dato. La premisa era precisamente contar algo que fuera difícil de decir, ya sea porque fuera algo muy secreto, muy íntimo, que por vergüenza quizás no se hubiese hecho cotidiano comentar en alguna charla con amigos.

La mínima iluminación permitía crear un clima de intimidad; apenas se veían los rostros de los expositores,
Comenzó Celina Murga, parecía un tanto nerviosa. Se limitó a leer su historia –previamente escrita- y a mostrar en la pantalla fotos de su familia, especialmente de su abuela. Se la percibía un tanto nostalgiosa. Después dijo que su abuela, de la que había hablado con tanto cariño y vehemencia sería operada dos días después a causa del cáncer que la había invadido.

Relató, en síntesis, cómo se había basado para hacer su primer película, en sus paisajes de la infancia, en las imágenes –mentales y fotográficas- que tenía de esa especial –según dijo- etapa de su vida.

Tras unos breves aplausos, siguió el Capitán Intriga, mucho más dinámico y cómico que la primera expositora. Tras un buen manejado suspenso en su relato, confesó ser amante de las novelas, “pero no de cualquier tipo de novelas”.... hizo varias distinciones de tipos de novelas (como las mexicanas, las venezolanas, las argentinas, etc.). Y terminó afirmando su admiración por las novelas mexicanas de una cadena de tv.

Tras risas, ya que resultaba algo gracioso que un hombre confesara ser admirador de las telenovelas y además que supiese tanto de ellas, se lanzaron aplausos bastante más enfáticos que los dirigidos a Murga.

Llegó el turno de Liniers, un peculiar personaje, que desde chico se dio en dibujar historietas, comenzando por dibujar toda la Guerra de las Galaxias. Mostró dibujos en la pantalla que pertenecía a antiguos cuadernitos Gloria (que aún conserva y sigue comprando para dibujar). Contó su paso por diversas carreras universitarias (como Derecho, Publicidad), y cómo muy lentamente fue logrando introducir sus dibujos en distintos medios gráficos, como Página 12 y La Nación. Además de comentarios realizados por él mismo en detrimento de sus , según él, “malos chistes”, hizo un breve recorrido por los momentos en que realiza sus creaciones, qué observaba y utilizaba del mundo y qué volcaba de esa realidad a sus cómics.

Por último se procedió a invitar al público a hacer preguntas a los invitados, de las cuales la mayoría estuvo dirigida a Liniers, y algunas Al Capitán Intriga (que no dejaba de asombrar a la audiencia con su “sapiencia” en materia de telenovelas).
La luz de la sala se encendió, deshaciendo el clima de “confesionario” y de a poco se fue despejando la sala. Salimos por el mismo pasillo, con sus historias en la pared, y con las anécdotas escuchadas dando vueltas en la cabeza e intentando integrarlas a las nuestras.